ESTAMOS EXPORTANDO MENOS LLUVIAS
Consecuencia de la destrucción de la amazonía.
Cuando buscamos mudarnos siempre damos más valor - o creemos justificado que tenga más valor independientemente de nuestra capacidad de compra- a una vivienda o terreno que esté cerca a un área verde. Un parque por ejemplo. Aun cuando en nuestra vida diaria no tengamos contacto o relación con la naturaleza, todos, absolutamente todos, la valoramos.
La amazonía peruana no está a minutos de distancia de las ciudades en las que vivimos, pero la tenemos relativamente cerca. Sorprendentemente, pese a que es tan importante para nuestras vidas –a diferencia de un parque del que finalmente podemos prescindir- no mostramos, como ciudadanos, una preocupación “real” por el proceso de destrucción al que viene siendo sometida. Esta indiferencia es, en última instancia, el verdadero sustento de dicho proceso destructivo.
Tala ilegal (para exportar madera o para sembrar palma aceitera), mineria ilegal, proyectos hidroeléctricos y, finalmente, la actividad que pone mayor riesgo sobre la amazonía, la explotación petrolera, han alcanzado proporciones alarmantes debido a una falta de institucionalidad que en base a políticas claras y un alto nivel técnico de supervisión, gestione las diversas actividades económicas que operan en la amazonía. No existe una ciudadanía que presione por estas instituciones, de ahí la falta de incentivos para crearlas.
Cerca del 75% de nuestra amazonía está concesionada a empresas petroleras. Al ser un territorio en muchos aspectos científicos, poco conocido, esta situación es una verdadera aberración. A esto se agrega que varias de las empresas concesionarias tienen verdaderos prontuarios en temas ambientales. El área correspondiente a las cuencas de los ríos Pastaza, Corrientes, Marañón y Tigre, declarada en emergencia ambiental por contaminación petrolera, es más grande que el departamento de Lima.
Aquí link (*) a “The local and global effects of Amazon deforestation”, trabajo publicado en el 2002 por investigadores de las facultades de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Duke, respecto de los efectos que produce la deforestación amazónica en diversas partes del mundo. Los hallazgos de este tipo de investigaciones, muy recientes, son sorprendentes. Entre ellos tenemos principalmente la reducción de lluvias en zonas como Centro América, Norte América y alrededores del Océano Indico.
Tenemos una responsabilidad gigantesca. Si consideramos que recién estamos en proceso de ordenar un tema tan básico como el transporte público, es difícil creer que nuestras autoridades estén a la altura de un reto tan complejo como la gestión sostenible de la amazonía. Se debería reconocer esto y pedir a organismos internacionales que nos ayuden a elaborar planes de gestión, lo cual incluye bosquejar la estructura institucional y técnica que deberemos requerir para monitorear eficientemente un territorio tan extenso, complejo y delicado.
Dada la gravedad del tema, la primera decisión, una suerte de gesto del gobierno de buena voluntad, sería suspender a partir de la fecha todo tipo de concesiones a cualquier actividad extractiva. Una decisión radical para empezar a afrontar una realidad extrema.
(*) http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2001JD000717/pdf