TRANSGENICOS: CASO CERRADO
Reciente estudio da el tiro de gracia a esta tecnología en medio de crecientes cuestionamientos.
Tras 25 años de discusión en torno a los organismos genéticamente modificados (Transgénicos), la comunidad científica no ha llegado aún a establecer un consenso respecto de la inocuidad de esta tecnología para la salud humana y la biodiversidad.
Sin embargo, un trabajo publicado en Julio de este año marca un antes y un después en la historia de los transgénicos. Nos referimos a: “El Principio de Precaución: Fragilidad y Cisnes Negros en las Decisiones Políticas”(a) escrito por un equipo de investigadores liderado por Nassim Nicholas Taleb, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de New York. El principio de precaución se aplica ante la ausencia de evidencia científica que permita descartar con certeza un daño sistémico, a escala mundial. La Unión Europea fue pionera en invocar este principio al restringir el uso de semillas transgénicas, si bien lo hizo desde un enfoque cualitativo no científico.
Taleb y su equipo empiezan formalizando el concepto de Principio de Precaución enmarcándolo en la estructura estadística y probabilística de los casos de “ruina”. Estos casos se caracterizan porque un sistema determinado corre el riesgo de una falla total. En este escenario se requiere de un enfoque de fragilidad antes que de riesgo. Lo que demuestra esta investigación es que así exista un mínimo de riesgo, digamos un 0.1%, de daño a la salud o biodiversidad por efecto del consumo y/o siembra de transgénicos, este pequeño riesgo justifica descartar su uso. Se debe entender que la consecuencia de ese 0.1% de probabilidad no es un daño focalizado y de costo estimable, sino de un impacto a escala global y costo infinito.
Como lo sustenta el estudio, los transgénicos implican un riesgo global porque: 1) Las semillas tienen una tendencia a esparcirse de forma descontrolada por lo que los riesgos no se pueden focalizar. 2) Los transgénicos no solo se consumen frescos o en cereales sino como componentes de una amplia gama de alimentos procesados. Los alimentos derivados de transgénicos no son testeados en humanos antes de ser comercializados, por ende, se desconoce sus implicancias para la salud humana.
El trabajo de Taleb y su equipo representaría el tiro de gracia a una tecnología que ha dado pie a uno de los debates más encarnizados en la comunidad científica y que en años recientes ha producido nuevas investigaciones que cuestionan los supuestos beneficios que pregonan los fabricantes de transgénicos. Como muestra de ello podemos mencionar una investigación hecha durante 10 años por un equipo liderado por Kongming Wu de la Academia China de Ciencias Agrícolas, publicado por la revista Nature el 2010(b). Wu monitoreó 3 millones de Ha de cultivo de algodón BT en el norte de China y encontró que las poblaciones de algunas plagas, que antes de usar semillas transgénicas eran de impacto secundario, pasaron a ser un problema serio para los agricultores que veían incrementados sus costos por el mayor uso de pesticidas para dichas plagas. Este hallazgo concuerda con el publicado dos años antes por científicos de la Universidad de Cornell. De otro lado, desde el 2013 está disponible en la US National Library of Medicine(c), un estudio que demuestra que el glifosato induce el cáncer de mamas. El glifosato es el principal ingrediente del Roundup, el herbicida más vendido en el mundo. Los cultivos transgénicos están diseñados precisamente para que la planta resista un mayor uso de este herbicida. Los alimentos transgénicos contienen glifosato .
Cuantos años le tomará al mundo sacar a los transgénicos del mercado?
(a) http://www.fooledbyrandomness.com/pp2.pdf
(b) http://www.nature.com/news/2010/100513/full/news.2010.242.html
(c) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23756170